17:22 h. Miércoles, 22 de Noviembre de 2017

El Periódico de José Luis Gómez

José Luis Gómez

España, tras la victoria de Hollande en Francia

Periodista

José Luis Gómez | 06 de Mayo de 2012

El análisis de la crítica situación de la economía española requiere abrir más su horizonte, para situarlo al menos en clave europea. La razón es bien sencilla: sus problemas son tan grandes que solo con medidas internas el país no saldrá adelante, a riesgo de retroceder décadas en el tiempo.

El análisis de la crítica situación de la economía española requiere abrir más su horizonte, para situarlo al menos en clave europea. La razón es bien sencilla: sus problemas son tan grandes que solo con medidas internas el país no saldrá adelante, a riesgo de retroceder décadas en el tiempo. En este sentido está creándose una favorable expectativa en Bruselas, no solo pensada en España, obviamente, sino en la media Europa que está en recesión. Traducido: lo que Alemania gana predicando una austeridad a ultranza que no acaba de funcionar puede perderlo vendiendo menos productos industriales, por falta de compradores en esos países en recesión o al borde de la misma. La intensidad del verdadero giro a la política económica europea va a depender de los resultados electorales de Francia y, sobre todo, de Alemania, pero lo que parece seguro es que algo está cambiando. El triunfo del socialista Hollande y su discurso político, nítido con respecto a su decisión del mantener el Estado de Bienestar -"la austeridad no puede ser una condena", advirtió nada más ser elegido-, así lo corroboran.

Se supone que esta vez no habrá solo estímulos tímidos, que no conseguirían nada salvo servir de excusa para aquellos economistas y políticos que defienden la austeridad, como subraya el premio Nobel Paul Krugman en su nuevo libro ‘¡Acabad ya con esta crisis!’. Por tanto, cabe aguardar de Bruselas y de Berlín algo más que inversiones en infraestructuras cofinanciadas por el Banco Europeo de Inversiones. En ese sentido, sería interesante promover los eurobonos, para rebajar al menos los tipos de interés de una parte del déficit. Solo con eso, un país como España liberaría muchos recursos financieros con los que podría fomentar el crecimiento y la creación de empleo, de modo que también reduciría así la factura del seguro de paro. Es evidente que hay soluciones para países como España, si Alemania quiere que las haya, sin que eso ponga siquiera en entredicho los objetivos previstos de déficit en unos plazos realistas.

De puertas adentro, el Gobierno de Rajoy tiene sus propios deberes, ahora centrados en los dos grandes focos de atención en la economía española: la crisis del sector financiero y el déficit desbocado de algunas comunidades autónomas. El colapso financiero entraña muchos inconvenientes, entre ellos el pago de la factura de su recapitalización, que será superior a los 53.000 millones de euros, y la falta de crédito a empresas y familias. Pero también otro problema –su concentración territorial- cuyas consecuencias se verán más a la larga. Una España cuasifederal con entidades financieras centralizadas terminará por producir graves desajustes en muchas de sus comunidades, especialmente las más rezagadas. @J_L_Gomez


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